lunes, 29 de marzo de 2010

Capítulo 1: El advenimiento (y V)

 Las crónicas del laúdico exiliado.

Mi cuerpo se contrajo por culpa del miedo, miedo que, por supuesto, sentía más por la suave presencia de mis antepasados en mi mente que por mis propios conocimientos. En cualquier caso, aunque como bebé no era realmente consciente, la parte de mi mente conformada por los recuerdos y demás de mis antepasados me hicieron temblar.

Por supuesto el perro olió ese terror y se acercó, tranquilamente, a mi, mientras se relamía. El sabía perfectamente que yo estaba indefenso y, por eso, controlaba las ansias de matarme en un instante para poder disfrutar más del momento... y también para que su estomago hambriento se fuera preparando para una tan abundante y deliciosa comida.
Fue entonces, pocos instantes antes de que se abalanzara sobre mí, cuando mis instintos y, sobre todo, la parte de mi mente en donde residían los recuerdos y conocimientos de mis antepasados, tomaron el control total de mi ser.
Usando todas las neuronas de mi pequeño cerebro logré (casi me da vergüenza hablar aquí en primera persona porque el que realmente actuaba era mi instinto y Sus recuerdos, no un bebé recién nacido) logré, repito, comunicarme mentalmente con el animal.

Dicho don es de los más comunes entre los laúdicos adultos... pero no en los niños y ¡ni mucho menos! en los recién nacidos.

Pero, lo más increíble de todo fue que, no solo me comuniqué, sino que logré convencerle de que, si nos ayudábamos mutuamente, él tendría comida para muchos días. Mientras que, si me comía en ese momento, volvería a tener hambre al día siguiente.
Entonces, como si yo fuera un increíble jinete y ese perro vagabundo un apuesto corcel, me subí sobre su lomo, o más bien me subió él con una mínima colaboración por mi parte, y salimos, para siempre, de aquél triste callejón.
Tiempo después, cuando mi cuerpo y mi mente ya eran totalmente adultos, traté de encontrar ese callejón en donde llegué a la vida, en donde mi madre me abandonó, en donde, gracias a la fortuna que llevó a aquél perro hasta allí, y gracias, también, al leve murmullo de mi raza en la cabeza, salvé la vida.

En unas pocas semanas volverán las historias del laúdico exiliado en El Capítulo 2

No hay comentarios: