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viernes, 15 de julio de 2011

Doble ración

sólo para ti
Cuando un alce misterioso,
taciturno surque el prado;
mirará el jardín hermoso,
mas no será de su agrado.

Pensará que algo tan bello
es augurio de algo malo.
Huirá veloz, sin resuello.
Para él no es este regalo.

Solo alegría y belleza
he implantado en el vergel
espero admires la proeza
y que no escapes con él.

 
Aburrimiento
Cuando el tiempo pasa lento
Saboréalo paciente,
Pues acabará el tormento
Al borrarlo de tu mente.
Sé que suena un poco extraño
Que te diga yo esta cosa,
Mas si no quieres el daño
Obedece tú mi prosa.


domingo, 6 de junio de 2010

Epílogo

Sentimiento descubierto
Poco después me dio un pequeño amago de colapso y nos dispusimos a esperar el final, conmigo ya postrado sin poder levantarme, pero antes de acabar por fin le pedí que copiase estas palabras para que, algún día, alguien enamorado supiese la suerte que tiene y le sirviese para animarle a vivir cada instante disfrutando y dejando las lágrimas para otra ocasión.

jueves, 3 de junio de 2010

Capítulo 9

Sentimiento descubierto
Y, tras una milésima de momento un poco más larga que el resto de las veces volví a despertar. Pero esta vez había una diferencia. Acababa de resucitar en mi mismo cuerpo, cosa que nunca antes había sucedido. Y, lo que era más importante, tras la experiencia tenía la absoluta certeza de que ya nunca más volvería a vivir otra vida que no fuera esta. Por desgracia no me quedaba demasiado tiempo en ella. Cuando fui a incorporarme para decirle a Jessica que todo había salido bien, que ya era libre, que la quería, sobre todo que la quería, me desplomé.
  Al volver a despertar me encontraba en una de las habitaciones del hospital y ella se encontraba a mi lado. Al ver que yo despertaba me relató, con los ojos rojos de tanto llorar, lo que ocurría.
  – Algo salió mal y volviste con un fallo muy importante en los principales órganos de tu cuerpo, hígado, riñones, pulmones, … Los médicos te operaron de urgencia y ya ves que has despertado pero todos están seguros, y me temo que a mí tampoco me queda otra alternativa más que darles la razón, de que los daños han sido tan graves que de aquí a dos, tres días a lo sumo, sufrirás otro colapso, esta vez irreversible.
  Se supone que al oír esas palabras debería haberme puesto a llorar desconsolado y a pedir alguna alternativa… Pero por algún motivo estaba tranquilo. Sabía que esta vez era la definitiva y, por suerte, tenía la posibilidad de vivir dos días con la seguridad plena de que la maldición había acabado ya que había tenido la, aún mayor suerte, de encontrar al amor verdadero. Y podía vivir esos dos últimos días libre y con lo más increíble que puede suceder a mi lado, en forma de una mujer preciosa y encantadora. Y así se lo dije.
  Al principio alucinó cuando le pedí que disfrutáramos esos dos días con todas nuestras fuerzas. Pero finalmente aceptó mi propuesta y escapamos del hospital a la carrera. Pasamos el primer día y la primera noche moviéndonos sin parar, de un sitio para otro, viendo todo, amándonos, besándonos, duchándonos bajo una catarata y cantando en mitad de una gran avenida, bailando desnudos a la luz de la luna.
  Hasta que, al llegar la tarde del segundo día nos quedamos sin fuerzas y entramos en una cafetería a reponer fuerzas. Al hacerlo vimos que todo el mundo observaba atento el televisor así que nosotros también fijamos la vista en él. Al parecer había ocurrido una grave tragedia en un colegio de Valladolid: 30 niños habían muerto y otra veintena más se hallaban en estado grave o crítico debido a un derrumbamiento en una de las alas. Además el número de heridos leves o moderados hacía aumentar la cifra total de niños afectados a cien.
  Cuando nos repusimos del shock Jessica y yo nos sentamos en una mesa y ella me comentó:
  – ¡Dios mío! Me siento terriblemente dolorida por que tu vayas a desaparecer, también me parece una tragedia increíble lo que acabamos de ver, y además no puedo evitar pensar que podía haber hecho algo más (no por ellos pero si por ti). – a lo que traté de interrumpirla pero no me dio tiempo. – ya, ya. Sé que no es por mi culpa y todo eso pero déjame acabar. Iba a decir que pese a todas esas tragedias tan dolorosas en mi cabeza, y créeme que las tengo muy presentes, no puedo llorar. Quiero hacerlo, tengo ganas de soltarlo todo en un largo llanto… Pero no puedo. En vez de eso lo que quiero es retomar fuerzas y volver a salir a la calle a disfrutar cada segundo porque cualquiera puede ser el último.
  – Pues estoy de acuerdo contigo, cojamos fuerzas y ¡a la calle! Además para llorar ya habrá tiempo. Al fin y al cabo ya lo dijo algún poeta: “Cuando quiero llorar no lloro y, a veces, lloro sin querer.”


domingo, 30 de mayo de 2010

Capítulo 8

Sentimiento descubierto
Cuando finalmente se quedó sola se sentó un rato en el suelo mirando a donde había caído la flor que ella lanzó. Aunque yo estaba lejos pude ver que ni siquiera en soledad lloró. Aún así se quedó allí, en esa misma postura, durante largo rato.
   Finalmente se levantó, aún sin lágrimas en los ojos, y con paso tranquilo pero decidido empezó a dirigirse al centro. Yo me sentía muy mal por seguirla a hurtadillas pero su actitud me parecía tan extraña que la curiosidad me impulsaba a seguirla pese a los remordimientos.
   De todas formas no tuve que ir tras ella durante mucho rato. Cuando se encontraba cerca de la plaza central encontró una terraza que, pese a ser invierno, tenía mesas en la calle. Sin un momento de duda se sentó en una pequeña mesita en el centro de la acera (solo había dos mesas ocupadas y debía haber en la calle más de quince) y pidió.
  Yo me encontraba muy lejos para escuchar lo que hablaban pero el camarero solo estuvo un par de segundos así que calculé que ella había pedido al momento. Debido a la escasa clientela que en esos momentos poblaban la terraza fue rápidamente atendida. Había pedido un café caliente (aún desde la lejanía podía ver las volutas de humo salir de la taza) y también un periódico.
  Sin apenas darle ligerísimos sorbos a la taza empezó a leer el periódico por detrás.
  Tras un rato largo empecé a aburrirme y ella parecía tan tranquila bebiendo su café y leyendo las noticias que no sabía cuanto más podía tardar. Fue entonces, cuando yo ya estaba empezando a pensar en dejar ese estúpido espionaje, cuando ella saltó.
  De repente dejó caer el periódico (ya por la portada) y se le cayó al suelo la tacita, aún con algo del negro líquido. Fue entonces, con las manos en la cara intentando evitarlo, cuando lloró una y mil lágrimas. Durante unos segundo se mantuvo así, tratando de parar inútilmente el río que fluía de sus ojos, pero al percatarse de que no conseguía nada, dejó un billete encima de la mesa y salió de allí huyendo.
  Yo creí que ya comprendía. Ella había aguantado el llanto un tiempo porque no quería caer, pero finalmente la presa había cedido de forma natural y había brotado en el lugar más inoportuno. Pese a todo quise hacer una última comprobación.
  Me acerqué a la terraza y recogiendo el periódico miré la portada para ver que contenía. Al principio no vi nada que me sorprendiera, la noticia de portada seguía tratando sobre la tragedia de los niños de Valladolid que había pasado dos días antes y en pequeños recortes hablaba de economía internacional y del Barça. Sin embargo cuando me disponía a dejar el periódico vi una última cosa que me hizo reflexionar. Como todos los días el MUNDO tenía una cita encabezando la portada y la de ese día era una del conocido poeta Rubén Darío:
  “Cuando quiero llorar no lloro y, a veces, lloro sin querer.”


jueves, 27 de mayo de 2010

Capítulo 7

Sentimiento descubierto
Como es de suponer ella no podía hacer nada para conseguir que yo muriera y resucitara sin cometer un delito gravísimo. Pero conocerla, y el hecho de que empezamos a quedar de vez en cuando, hizo que poco a poco dejase de tener tanta prisa por intentar ese pseudo-suicidio.
Poco a poco, aunque a velocidad de vértigo, me fui enamorando prendidamente de ella. De una forma increíble, que no había sentido nunca… en ninguna de mis otras vidas.
  Cuando ya llevábamos 6 meses saliendo le propuse ir a vivir juntos y aceptó.
  Y fue a partir de entonces cuando mi nivel de felicidad dio una explosión definitiva hasta alcanzar límites que nunca imaginaría. Y así, felices viviendo en pareja, como cualquier otra persona del mundo, proseguí con esta vida. Entonces, cuando ya hacía más de dos años que nos conocíamos, Jessica, que así se llama, me dijo:
  – Cariño, tengo una pregunta para ti.
  – Sabes que me tienes para lo que quieras.
  – ¿Me amas?
  La pregunta me dejó anonadado pero, totalmente seguro de lo que decía, respondí:
  – Claro que te amo.
  – Pues entonces creo que se acaba de romper tu maldición
  – ¿¡¿¡QUÉ?!?!
  – Si. Porque sé con total seguridad que lo más increíble que te puede suceder en este Mundo es que ames y seas correspondido y, créeme, yo también estoy enamorada de ti hasta lo más profundo de mi ser.
  En ese momento el convencimiento de que lo que ella decía era cierto llenó mi cabeza de tal manera que admitir la posibilidad de que realmente se terminará aquél vivir una y otra vez hizo que me desmayara.
  – Y eso no es lo único que tenía que decirte. – continuó justo en el momento adecuado para que yo no cayera y siguiera prestándola atención. – Sé una manera de hacer que mueras y resucites médicamente para probar si realmente la maldición ha terminado.
  Tras lo cual ya si que no aguanté y perdí la conciencia, el conocimiento y cualquier cosa que en aquél momento yo tuviera que comenzara por “con”.
  Cuando por fin me recuperé, tardé un rato bastante pronunciado, con alguna que otra recaída incluida, nos pusimos a discutir sobre que hacer. Finalmente, y en contra de nuestro sentido común, decidimos intentar lo de la muerte provocada para comprobar si realmente la maldición había desaparecido. Así si descubríamos que finalmente se había acabado podríamos vivir esta vida como una pareja normal. Una pareja normal y feliz, muy feliz.
  Los reparativos nos llevaron un par de meses pero pronto todo estuvo preparado en un almacén muy poco transitado del hospital en el que Jessica trabajaba. Allí habíamos ido llevando el equipo necesario para que me provocara un paro y, sobre todo, tenía el equipo necesario para resucitarme con electricidad. Ambos conocíamos los riesgos, pero el afán por saber si al fin era libre era superior.
  Tras despedirme de ella, con un:
  – ¡Espero que hasta ahora!
  Le di un largo, largo y calmado beso en los labios y me tumbé. Entonces ella, temblorosa pero, de una manera que no sabría definir, decidida, provocó el paro. Y, entonces, una vez más, desaparecí.

lunes, 24 de mayo de 2010

Capítulo 6

Sentimiento descubierto
La ceremonia se acabó con bastante celeridad. Al fin y al cabo simplemente se trataba de una última reunión en su honor en la que hablaron algunos de sus más allegados. Las palabras de Jessica fueron rápidas y algo confusas:
  – Este rito se ha realizado muchas veces, generación tras generación. Pero, no por ello, deja de ser doloroso en cada ocasión. Espero que esta despedida se una a tantas y tantas otras y te empujen, allí donde estés, a un descanso feliz y acogedor. Aunque te conocí de una manera ya desde entonces me enamoré y ahora y para siempre más que nunca, te quiero. – Y, sin lanzar ni una sola lágrima, sin mostrar aparente dolor, lanzó una flor al aire.
  Aunque parezca extraño noté en esas palabras que realmente había amor. Muchos se quedaron un poco sorprendidos pero todos entendieron de la misma forma que yo y que lo que se escondía detrás de esas palabras tan confusas era amor verdadero. Incluso algunas de las personas que estaban más sensibles retomaron el llanto con más fuerza tras este pequeño discurso. 
  A esto se le unió que sus palabras fueron las que cerraron el rito así que conforme la gente iba recobrando las fuerzas iban marchándose del lugar. Poco a poco fue quedándose ella sola así que yo también me alejé, pesé a mis ganas de seguir investigándola. Cuando ya estaba a unos 100 metros la curiosidad pudo más y, escondiéndome como un vil ratero, empecé a espiarla.

viernes, 21 de mayo de 2010

Capítulo 5

Sentimiento descubierto
Tras conocer el porqué de mis reencarnaciones intenté buscar en cada una de mis siguientes vidas las sensaciones más fuertes y extremas. Muchas veces el nivel de vida de la existencia en que me encontraba era tan bajo que me impedía intentarlo pero aún en esos momentos aprovechaba para tratar de probarlo todo.
  Como se nota que en la gran mayoría de los casos las cosas que quieres se encuentran cuando dejas de buscar.
  Ya llegados al principio del Siglo XXI, hace dos años y medio, había tirado del todo la toalla y trataba de encontrar alguna manera de engañar a la muerte. Quería lograr que mi cuerpo muriese durante unos instantes para luego resucitarlo con las nuevas tecnologías médicas. De esta forma la maldición sufriría un revés y quizás de esta forma se produjese un desconcierto entre en cual de los dos cuerpos ubicar mi consciencia.
  Para lograr este objetivo fui a visitar los mejores hospitales que pude encontrar pero en todos me echaban en cuanto les decía lo que quería conseguir. Así seguí, recorriendo los hospitales del país en el que había nacido esta vez, España, en busca de algún otro médico poco ortodoxo. Solo recordar aquél doctor enajenado y las pruebas que me hizo en cuanto me dio lo que quería me dan escalofríos, pero al fin y al cabo conseguí lo que quería de él así que quizás otro de su calaña también me sirviese, de forma definitiva, en esta ocasión.
  Y fue en uno de estos intentos, cuando ya había perdido toda esperanza de encontrar esta tan genial que te puede suceder en este mundo, cuando me sucedió.
  Al entrar en el hospital fui, como tantas otras veces, a la planta de administración. Allí me dirigí al despacho de dirección. Al entrar una joven muy educada me pidió que me sentase y que le contase que necesitaba. Yo le comenté que quería hablar con el director del hospital pero, por desgracia su secretaria me señaló que ese día no iba a ir por allí. Cuando yo ya me disponía a marchar ella insistió en que le contase para que necesitaba hablar con el director, así podría contárselo directamente y quizás así ahorrar tiempo a ambas partes.
  En principio pensé que no era una opción pero como estaba deprimido por la cantidad de rechazos que había recibido en tan pocos días decidí utilizar una técnica distinta. El “no” ya lo tenía así que podía ser una idea nueva el contárselo a esa joven tan encantadora y quizás ella me ayudara de alguna manera a convencer a las altas instancias.
  Conforme le iba haciendo la petición iba mintiendo… pero cada vez menos. Por algún extraño motivo me fui confiando así que acabé admitiendo que todo lo que había contado era falso y le dije la verdad sin rodeos. Al hacerlo vi el error dibujado en su cara pero eso no me detuvo. Cuando me quise dar cuenta estaba contándole como era Egipto hace unas generaciones. Entonces, como una revelación, me di cuenta de que ya era de noche y llevábamos horas hablando.
  Cuando le estaba pidiendo perdón por haberla entretenido tanto y me disponía a marchar ella me dijo:
  – ¿Realmente te vas a marchar así habiéndome hecho perder tanto tiempo? Creo que lo mínimo que podrías hacer sería invitarme a cenar algo caliente, ¿no?
  A lo que me quedé atónito. Sin embargo las ansias de seguir hablando con ella eran tantas que me pareció una idea correctísima invitarla a un restaurante.

martes, 18 de mayo de 2010

Capítulo 4

Sentimiento descubierto
Su nombre era Jessica Trimán Rodríguez y aquel día en el funeral de su tan querido amante debía rondar los 29. Era una chica de poca estatura, aparentemente frágil y delgada. Pero aunque su figura no llamaba la atención tenía unos rasgos y un cabello tan increíble que era con diferencia la chica más hermosa que allí se encontraba. Sus ojos eran ligeramente finos y en sus pupilas brillaba un cielo más azul que el propio cielo. Su piel estaba ligeramente bronceada, sus labios brillaban con un rojo intenso que yo juzgué como natural, todo ello acompañado por dos preciosos hoyuelos, uno en cada mejilla. Y, por si todo esto fuera poco, su larga melena castaño azabache se mantenía perfectamente lisa pese a la humedad reinante. De todas formas cualquier descripción se queda corta al lado de su verdadera belleza. 
  Yo había sido el vecino de la pareja durante estos dos últimos años y aunque no sabía nada de sus vidas si que habíamos hablado tantas veces de banalidades en el ascensor o mientras tendíamos la ropa que me pareció oportuno acudir. La verdad es que la actitud de Jessica me pareció tan extraña que seguí observando. Por lo que yo había visto en esta temporada me habían parecido muy felices. De vez en cuando tenían alguna que otra mala cara, pero nunca les duraba más de un día que yo supiera. Y los momentos que parecían felices, que eran la gran mayoría, se les veía muy felices.

sábado, 15 de mayo de 2010

Capítulo 3

Sentimiento descubierto
Las primeras “reencarnaciones” fueron confusas, los recuerdos del pasado estaban presentes cuando era solo un bebé. Sin embargo iban desapareciendo, se convertían en pequeños retales que me llegaban en sueños, me decían, y a veces creía, que eran imaginaciones, me llegaron a tachar de loco… Poco a poco fui empezando a entender el funcionamiento de este tipo de encantamiento y, gracias a ello, cada vida recordaba más de las anteriores. De hecho aún hoy sigo recordando muchísimas cosas de casi todas las vidas. Solo las primeras se quedaron más difuminadas en el olvido quedándome solo pequeños flashbacks que vuelven a mí de vez en cuando. De hecho de mi primera vida solo recuerdo el día de mi muerte. 
  Eso y también otra cosa más. Aunque eso lo volví a recordar muchas vidas después gracias a otra persona. De todas maneras esto es una historia algo complicada así que mejor empezaré desde el principio. 
  Cuando ya había vivido 7 generaciones y me encontraba al final de las octava me encontré en una posición de vida bastante boyante así que aproveché la oportunidad para investigar lo que me sucedía. Para ello viaje y leí todo lo que pude al respecto de la reencarnación y la vida después de la muerte. Llegados a un punto encontré un médico un poco excéntrico que me “invitó”, de una manera un poco particular, a participar en una sesión de hipnosis. 
  Los métodos del doctor no me merecieron demasiada confianza así que traté de negarme como pude. En el momento le odie por ello pero después le agradecí que se empeñara tanto. De hecho como con palabras no lograba convencerme me dio un terrible garrotazo (en el fondo le estoy agradecido pero en el momento, mientras perdía la conciencia, maldije a toda su descendencia por el fuerte dolor que me provocó en el cogote)
  Cuando desperté el médico estaba preparando el “ritual” y yo me hallaba sentado en una cómoda silla… atado de pies y manos a la misma. Los nervios del momento o quizás el hecho de sentir que me habían raptado me hacían gritar, unas veces pidiendo auxilio, otras encarándome con él y profiriendo amenazas sin igual. 
  Pronto me cansé. 
En cuanto él vio que ya no me quedaban fuerzas para seguir gritando se acercó a mí, péndulo en mano, y empezó a agitarlo frente a mí con ondulantes movimientos. No me explico muy bien como ocurrió pero rápidamente entré en trance y me vi a mí mismo en mi primera vida cuando solo debía tener 15 años, es decir, recién convertido en adulto. 
  En ese momento yo estaba encarándome con una pobre anciana que cruzaba dos veces al día mi poblado. Como yo ya era adulto me veía en la obligación de insultar y maltratar a la pobre anciana así que en ello me encontraba. Fue entonces cuando lo entendí todo. Cuando yo estaba a punto de lanzarle una piedra ella se giró, ágil como un gato, y mirándome a los ojos me dijo:
  – Siento que seas tu el que sufra esto pero alguien tenía que ser… y de hecho si algún día te arrepientes y tienes suerte quizás me lo agradezcas – Y agitando la mano derecha de forma espasmódica y lanzándome con la izquierda un líquido grasiento terminó, con la voz casi en grito, así – Nunca descansarás en paz, ni en esta ni en ninguna vida, hasta que te pase lo más increíble del mundo. 
  Y entonces desperté totalmente sudoroso de la hipnosis, comprendiendo que viviría una y otra vez por culpa de la maldición de la anciana hasta que me pasara “lo más increíble del mundo”. Tras lo cual el doctor me dijo que como pago, y ya que yo aún viviría más vidas, iba a utilizar mi cuerpo para sus rituales científico-mágicos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Capítulo 2

Sentimiento descubierto

El frío azotaba las caras de los allí presentes sin ningún atisbo de clemencia. Casi todos lloraban, la gran mayoría mantenía un rictus serio y compungido. Solo un par de personas ajenas al desaparecido y que habían acudido para acompañar a un familiar si relacionado y, aunque parezca increíble, Ella, tenían un rostro más relajado. De hecho la cara de ella parecía casi de alivio, como si enterrar a su amor supusiera el final de una larga espera.

sábado, 8 de mayo de 2010

Capítulo 1

Sentimiento descubierto

“The greatest thing you'll ever learn is just to love and be loved in return.”
–Moulin Rouge–
“Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer.”
–Rubén Darío–
 
La primera vez que desaparecí, hace ya tantos siglos, no podía ni imaginarme que ese acontecimiento se repitiese durante el milenio una y otra vez. Pero así fue. En cuanto llegué a la más que respetable edad de 42 años (aquellos eran otros tiempos) mi fisonomía dio por concluido mi período entre estas maravillas y todo terminó. 
  Y creerme cuando digo que terminó. Fue algo realmente horrible... hasta que acabó. Porque en cuanto mi conciencia abandonó aquel cuerpo decadente sentí una milésima de momento de total vacío e inexistencia... y... justo después... noté un golpe en mis nalgas y me sentí sujeto boca abajo en el aire en el perfecto aunque terriblemente frágil cuerpo de un niño recién nacido.

martes, 23 de marzo de 2010

El taxista y su chica.

El taxista necesitaba el dinero. El negocio cada vez estaba peor y, más de un día y más de dos, tenía que comer, solo una vez al día, un triste plato de arroz con salchichas.

martes, 16 de marzo de 2010

El poema non-nato de Espronceda, Novalis y Keats

Tu sencilla mirada, tu triste ademán,
Me han logrado, sin remedio, encandilar.

Quiero el beso que tus labios no me darán,
sé que, si alguna vez probase ese manjar,
temería, por siempre, a la soledad.

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¡De repente, mi corazón actúa como un volcán!
¡Tu te acercas!... quiero creer que me vas a besar
pero me ignoras, apagando mi pecho con tu frialdad
Logrando con ello que te anhele aún más.

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Algún día, pronto, mi alma, que es un leviatán
 saldrá furiosa de mí, buscando tu hogar,
y, en cuanto te vea, os amareis sin piedad.
Tu belleza se dispersará como el gas
dejará mi mente perdida; mi ser, vegetal.

miércoles, 10 de febrero de 2010

100% fiel, 0% amor

- Te quiero. Te quiero como nunca alguien ha llegado a querer. ¿Acaso tu no me quieres? - Suplico él.
- Yo no puedo quererte. No tengo sentimientos.
- Sí que los tienes, ¡joder!
- No es mi intención dañarte pero NO. No los tengo, - y ella, tras una ligera pausa, en la que parecia que lo estuviera analizandolo todo, apuntilló - ni nunca los tendré.

Él, enfadado a más no poder y, también, un poco compungido, se fue hasta la habitación contigua y se puso a teclear en una moderna computadora.
Mientras tanto ella, tan imperturbable como siempre, se quedó, tranquilamente, en la habitación, sin hacer nada de particular, con la mirada perdida en el horizonte.

lunes, 1 de febrero de 2010

Recordada pero ya, nunca más, anhelada

Transcurrieron, poco a poco, los años
Tan continuos como un río caudaloso.
Ahora te recuerdo, mas no te añoro
Porque he encontrado a quien, de verdad, amo.

Fuiste un hermoso sueño prematuro
A quién, sin pensar, di mis emociones.
fuiste quién me animó, y me dio toques
quién estaba presente y quien era humo.

Alta, baja, morena y castaña,
Alegre, melancólica y astuta;
Mi apoyo, mi amiga, pero novia: ¡nunca!.
Te llamé Eva, Mercedes, Luna y Alba.

Fuiste todas las mujeres que amé.
A la qué tanto amé... pero no tuve.
Ahora todo esto ha cambiado, por suerte.
Ahora Fátima compone mi ser.

Dedicado a Fátima... que es la que realmente fue. Y las que no fuisteis, aunque os recuerdo tanto como para escribiros, lo siento mucho pero el recuerdo es solo eso, un recuerdo, que, ni por asomo, añoro.

miércoles, 20 de enero de 2010

Pincelada al viento

Sabes, cielo, que te quiero
porque lo digo desde dentro
porque vivo yo en tus besos
y porque tú,
solo tú,
eres mi suelo,
eres mi fuego,
eres mi sueño.

viernes, 15 de enero de 2010

Al fallecer...

En el lecho se encontraba, roto y triste por la edad,
La vejez, precursora de la muerte, le pintó en gris.
En su cuerpo, solo sus ojos tenían vitalidad
pero en su mente aún había algo que le mantenía aquí.

Pese a que su ajado cuerpo servía ya para bien poco
Tenía, en la mente, la solución para un gran problema
Sabía al fin, como amar totalmente, sin volverse loco;
sabía, con total certeza, que debía escribir un poema

Uno en el que dejó por escrito en su último momento,
a su, tan amada, querida, y adorada Piedad,
que él siempre la quiso y aún la quiere más que la brisa al viento,
y que, pese a la muerte, su amor durará la eternidad.

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No está en mi naturaleza creer que hay algo más allá después de la muerte. Pero... pero quiero creer que si hay algo sean este tipo de cosas y no esos cielos y esos infiernos que predican los Evangelios. Prefiero soñar (aunque, repito que no creo) que, si hay algo, lo que haya sea una especie de felicidad plena... con quien desees ser feliz. Así, si de verdad existe el amor verdadero, será eterno, puro y proporcionará felicidad plena para quien en vida lo encontrara.